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Wednesday, July 16, 2008

Curiosidades

Buscando información sobre el deporte y la salud me encontré con una foto que sorprendió. Se trata de una foto de 1953 de Sean Connery.

No me sorprende. Recuerdo muy bien una de sus primeras películas, en una historia de Tarzán, con Gordon Scott como protagonista. O'Bannion, que así se llamaba el personaje de Connery, fue uno de los primeros "malos" que elimina el rey de la selva. El otro personaje, si no me equivoco, lo interpretaba un actor que se apedillaba Quayle. Realmente no he averigüado si, en efecto, esos eran sus nombres. Pero los recuerdo bien. Me dió lástima que a O'Bannion lo eliminaran tan rápido, pues era muy joven para resistir la fortaleza y agilidad de Gordon Scott. Pero a Quayle, el más malo de los malos, me alegró que Tarzan lo matara. Recuerdo que tuvo que quitarse un alambre con la que el bandido lo quería matar.

Pese a todo, Sean Connery ganó fama con el personaje de James Bond. Creo que él es el paradigma a vencer para todos los actores que han interpretado este personaje. Para mis gustos, solo Roger "Ivanhoe-El_Santo" Moore y Pierce "Remington Steele" Brosnan (el que más se acerca al estereotipo creado por Connery) han podido acercarse a un espía con la elegancia que transpiraba el James Bond de Sean Connery.

La foto, por supuesto, se aleja de los papeles que interpretó como el franciscano en "El Nombre de la Rosa", o del espía en "La Roca", o del aventurero en "El hombre que iba a ser Rey"

Friday, April 11, 2008

Entretenimiento

Peter Cook decía: “Sabes, yo voy al teatro para ser entretenido. Yo no quiero ir a ver obras sobre violaciones, sodomía y drogadicción.. Eso lo puedo hacer yo en mi hogar"

¿Por qué lo digo? Es que también estoy de acuerdo con lo que él decía. Pero el teatro (que desafortunadamente no existe como práctica social cultural en El Salvador -salvo uno que otro esfuerzo), el cine, la televisión y los conciertos de cantantes de moda, es lo que acostumbramos a ver en el país. Y estos carecen de lo que se podría llamar como "calidad artística". Hablando de ello, recuerdo a Federico M., un italiano con el cual platicaba sobre nuestra cultura. Yo le mencionaba que nuestra cultura, como cultura salvadoreña, era decadente. Tras lo cual me respondió: "¿Es que ustedes, como salvadoreños, han tenido un climax en la cultura?"

Ayer, por ejemplo, uno de los canales de televisión pasó una película en la que a una anciana la mataban unos matones. Era parte de una secuencia. No la terminé de ver porque tenía que dormir. Pero esas son las películas que nos pasan. No porque solo existan películas de este tipo, sino porque "es lo que pide el público". Pero estos deseos forman parte de un círculo vicioso en que todos tienen su grano de arena que aportar, pero que son los medios los que pueden comenzar con un cambio efectivo y simple.

La cuestión es que los medios responden a políticas particulares de los propietarios. Estos buscan, en primer lugar, que su propiedad sea rentable, y eso no es malo. Pero se le da más importancia a este objetivo que a entretener "sanamente" a un público que necesita mejores entretenimientos.

Thursday, November 01, 2007

Dr. House

Una de las series que me gusta ver en TV es Dr. House, que acá, en El Salvador, lo transmite VTV (canal 35). Debo confesar de que es uno de los programas que disfruto bastante al verlo. Pero también debo aclarar que hay una diferencia entre lo que me gusta y lo que puede ser, o no ser, bueno, en términos de calidad del programa, en su contenido como en su forma.

Por lo general la trama de cada uno de los capítulos de la serie tiene el mismo esquema central. El Dr. Gregory House "es un médico huraño aunque brillante que trabaja en el departamento de diagnóstico del ficticio Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey", según lo define Wikipedia. Al hospital llegan diferentes casos médicos que, en algunos casos, el diagnóstico es bastante complicado por los síntomas que presentan los pacientes. Me parece que gran parte del éxito de dicho programa está en los distintos personajes muy bien delineados que actúan durante el desarrollo de cada capítulo. No pienso hacer más comentarios sobre ello, puesto que el comentario que me interesa hacer no tienen que ver con el show, sino con el mensaje que pretende dar el show.

En la televisión norteamericana, de la que gran parte de sus programas se ven en Latinoamérica (doblados al español, por supuesto), se presentan muchos programas sobre policías y ladrones; sobre soldados y guerras y, en menor proporción, de médicos y enfermos. Ahora, por ejemplo, uno de los programas que más impacto han tenido en la teleaudiencia, es 24. Podemos entender por qué.

Pero, al igual que los programas sobre policías, detectivos, FBI y otros similares, Dr. House también tiene el mismo objetivo (que no necesariamente es malo o de agenda oculta): presentar a la medicina como un misterio tan grande y complicado que se necesitan genios para poder descifrar lo que los humildes pacientes ni se imaginan qué es lo que padecen.

Por un lado, celebro este tipo de programas que, a la par de ser emocionantes, también se presentan como el lado sublime de una ciencia que tiene en sus manos la vida y la muerte (como dirían los personajes de novela que a Gregory House le gusta ver en TV).